Doble A

Marta nació el 6 de agosto de 1986 en Sevilla, en medio de una ola de calor donde literalmente algunas personas murieron a causa de ello.Incluso su vecina, la del primero B, contó que una de las velas que tenía en casa se derritió.

No se sabe qué clase de capricho genético aconteció, pero Marta nació con las puntas de los dedos de las manos pegadas entre sí. Se reunieron los mejores médicos del Hospital Virgen del Rocío para dar soluciones a aquello, pero ante las dudas que generaban las múltiples opciones quirúrgicas, sus padres decidieron esperar.

Su madre, de 34 años, llamada Consolación, llegó a pensar que era una señal divina, y es que su fe era muy generosa, ya que ante las controversias siempre encontraba la respuesta más positiva.

Su padre, de 35 años, llamado Camilo y un hipocondríaco de manual, sospechaba que los continuos antojos de Consolación de comer ensaladilla de gambas y beber Coca-Cola habían influido en ello.

A su vecina, la del primero B, en una ocasión se le escuchó comentar en la tienda del barrio, que fue a causa del calor y que por ello sus dedos se fundieron entre sí.

Mientras crecía, la dificultad la veía el entorno; ella, al haber nacido así y no echar nada de menos, simplemente se adaptó.

La cuestión es que pasó el tiempo, llegó la edad de escolarizar a Marta y así seguían sus manos.

Ella aprendió muy rápido, mucho más que la media, a leer, y en el colegio tuvieron infinidad de reuniones para ver la mejor forma en la que ella aprendiera a escribir. La más conveniente, y con ayuda de una asociación que se hizo eco de la situación, fue enseñarle a escribir sosteniendo el lápiz con la boca, ya que en general, era su apoyo en las tareas cotidianas.

No solamente aprendió a escribir, sino que dibujaba con cierta habilidad. Aunque le molestaba de sobremanera que jamás la sacaran a la pizarra a escribir con tiza, a pesar de tener la certeza de que no era un material tóxico.

Marta era una persona a la que le gustaba el contacto físico como forma de presentación y, a la vez, era su manera de captar la energía de las personas; por ello, estaba realmente agradecida de que en España, como costumbre, solamente los hombres se estrecharan la mano.

En clase de música, sintió su primer impedimento doloroso, ya que ella era la única que no podía tocar la flauta dulce. Cierto es que le animaban a tocar el xilófono, pero, aunque pudiese hacerlo con la baqueta en su boca, sintió de forma punzante que nunca podría adquirir la habilidad de quien lo toca con las manos.

Y empezó a darse cuenta de que nunca podría tocar la guitarra, conducir un coche, freir un huevo o poner una inyección.

Se percató de los cuchicheos constantes de las personas que veían sus manos, y lo que ella pensaba que eran comentarios de superación, comprobó que la mayoría eran despectivos o de pena.

Quiso encontrar gente afín con la que poder crear vínculo, empatizar o quizás crear una sensación de grupo, pero su caso apenas contaba con 6 personas más en el mundo.

A sus 14 años ya no quería ir al colegio, ya que solo percibía un horizonte difuminado al que no le hallaba resquicios de esperanza.

Sus padres, viendo que la tristeza se convirtió en la dinámica y eje del día a día de Marta, retomaron a la desesperada hallar una solución médica.

Fueron 8 los médicos que visitaron y todos coincidían en que la cirugía no iba a separarle los dedos y dejarlos funcionales.

Se pasaba los días imaginando que podría ser la mejor dibujante en la arena, pero la peor cortando figuras de papel con tijeras. También idealizaba ser campeona olímpica de natación, pero nunca optaría a lanzar la jabalina.

Y conoció a Alejandra Pizarnik y a Alfonsina Storni, y su dualidad se enfocó entre el mar y las pastillas de acento argentino.

MJ MS


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