Laura: te he repetido muchas veces que yo me siento solo y que nadie me comprende. De los más de 30 AACC que conozco, tristemente, todos se quejan de lo mismo: que nadie les entiende y nadie comparte sus inquietudes “excéntricas”. Y no es culpa de los demás; es culpa de la mierda de desproporción que vivimos entre los neurodivergentes y los demás. Si hubiese más AACC, no se sentirían solos. Es pura matemática.
Lo que quiero transmitirte es que me doy cuenta de que simplificar mi problema a “me siento solo” no es suficiente para expresar mi vacío interior. Quiero explicarlo de una forma más inteligente y elocuente para que puedas entenderme mejor.
Para conseguirlo, quiero que primero te pares un momento con calma y visualices esos momentos en los que pasas toda la tarde charlando con tus amigas, o cuando estás mucho tiempo al teléfono hablando con alguien que te entiende y con quien es grato conversar. Pon todo tu foco en la sensación de satisfacción que tienes cuando vuelves a casa o cuelgas el teléfono y sientes que ha sido un tiempo de calidad: ha habido entendimiento, risas, complicidad, confesiones, y eso te produce felicidad.
Al fin y al cabo, somos seres sociales, y necesitamos hacer eso, compartir nuestras cosas con otros seres humanos, para ser felices. Somos así, venimos configurados así por puro ADN y epigenética.
Ahora mantén fresca esa sensación. No la olvides. No la dejes ir.
Y ahora entra en mí. Ponte en mi lugar.
Imagina que las cosas que a mí me entusiasman, me hacen feliz, me impulsan y me motivan, intento contárselas a la gente que me rodea, pero no conecto. O me prestan un mínimo de atención y cambian de tema, o me llaman “intenso”, o directamente se quejan y no me permiten seguir.
Y no los juzgo. No son ni mejores ni peores por interesarles unas cosas u otras. El camino para ser feliz no importa, mientras al final seas feliz hablando de los temas que te aporten ese bienestar. No juzgo. Solo me quejo de mi problema de incompatibilidad con la gente de ese lado del 99%.
Quiero que veas el paralelismo.
Yo, de forma continuada, solo recibo frustración. No puedo volcar en nadie mis cosas. No puedo recibir esa satisfacción que recibes tú con tus conversaciones, porque las mías a nadie le interesan, o le interesan a un grupo tan reducido de personas que es imposible tener un círculo cercano de ese tipo de personas con las que conectar y experimentar el mismo placer que experimentas tú sin mucho esfuerzo.
Eso te hace sentir solo. Y la frustración se acumula. Es una sensación de soledad interna, que uno se guarda, y que no solo no se va, sino que se acumula y se hace fuerte con el paso del tiempo.
Uno de los pilares de la felicidad, junto a la pareja y la familia, son las amistades. Pues las amistades yo las adopto, porque no me queda más remedio, pero no me dan lo que necesito. Y de esa pata, de las tres, siempre ando cojo. No recibo lo que necesito.
Así que hago uso de mi máscara social para encajar en un grupo que está fuera de ese 1% por necesidad. Y esa máscara la he usado tanto que ya me la creo. Hasta me divierto, fíjate tú…
Pero ahí enquistada sigue siempre esa sensación de soledad, porque yo no tengo lo que tienes tú. Y, de forma inconsciente, uno ya ha aprendido a vivir en esa dualidad.
Y no te pido que te interesen esas conversaciones. No pueden obligarte a que te guste la verdura si no te gusta. Solo queda pedir comprensión. Con esa migaja ya se sacia un poco ese hambre y se sigue adelante.
Pero es difícil —lo entiendo— que personas que no han vivido nunca algo así puedan imaginarlo y empatizar. No porque no tengan empatía, sino porque no se puede empatizar del todo con algo que no conoces o no puedes imaginar.
Y, en mi mundo, tenemos vías alternativas para escapar de esa pata coja. Poner nuestras mentes al 500% de vez en cuando. Porque, en lugar de ir todos los días con un Ferrari a comprar el pan a 30 km/h -el Ferrari se resiente- de vez en cuando hay que llevarlo a la autopista, dejar que alcance sus límites, a 350 km/h o más.
Y a veces pasa. Estás con personas que te comprenden, que se interesan y que te motivan a poner al límite esa máquina que no puedes usar en su máxima potencia a voluntad. Cuando pasa, lo agradeces. Y no escuchas la palabra “intenso”. Y te sacia el hambre unos días. Pero el hambre vuelve. Siempre vuelve.
Y entonces nos amparamos en lo que nos satisface, buscando de alguna forma llenar es vacío: nuestros proyectos, nuestros trabajos, cualquier cosa que nos ayude a calentar el motor y que no se encoja por puro desuso.
Pues cuando eliges a alguien para continuar un camino juntos, la comunicación es importante. Y si no se expresan bien las cosas, entre dos mentes tan divergentes, es todavía más complicado.
Así que solo queda decirte esto:
Yo solo pido comprensión.
Y usando tu empatía, ¿qué pides tú?
Fdo: Un AACC cualquiera.

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