Arañazo

Hace tiempo descubrí que la gente visita los zoos sin conciencia. De hecho, yo también lo hice de pequeña, iba al Bioparc de Valencia con la ilusión de ver a los leones, monos, tigres e incluso hipopótamos.

Los había visto muchas veces en los libros y en los documentales de televisión, pero la sensación de verlos en directo proyectaba algo distinto. Primero pensé que era curiosidad; más tarde llegué a la reflexión de que era el ansia de tener cerca aquello que se percibe como intangible. Con el tiempo, me di cuenta de que ese empoderamiento humano de tener cerca lo imposible era lo que realmente alimentaba esa supuesta ansia de conocimiento.

Ya con más conciencia, decidí volver. Creo que fue unos siete años después de la primera vez. Intenté proyectar una falsa sensación de control, como si solo pudiera impresionarme lo verdaderamente impresionante.

Miré y remiré. Me quedé sentada incluso más de 30 minutos, observando aquello que intuía que la gente quiere ver. Observé lo que ya había vivido de pequeña y no encontré gran diferencia entre lo que recordaba y lo que había visto en la televisión.

Seguí buscando. Intenté impregnarme de la injusticia que supone criar en cautiverio, pero no conseguí sentir la rabia necesaria.

Me impresionó el bongo oriental, un gran antílope en peligro de extinción. Era robusto y bello, pero solo podía verlo así quien es capaz de percibir la belleza más allá de lo exótico.

Por intentar integrar mis pensamientos con lo que socialmente resulta más impresionante, me quedé sentada frente a un tigre majestuoso para alimentar mi ego e integrarme socialmente bajo mis propias ideas.

Acerqué mi cara al cristal y el tigre lanzó un arañazo mortal hacia mí, que no llegó a nada gracias a la protección del recinto.

Joder… un arañazo puede hacerte una pequeña herida, puede dejarte una cicatriz que se convierta en un signo vital o incluso puede ocasionarte la muerte.

Desde entonces, tengo un profundo respeto por palabras como “arañazo”, por lo que pueden llegar a significar e influir en la vida de uno según la intensidad con la que se vivan.

Desde entonces, intento siempre llevar una especie de armadura, para que nada de mi entorno se quede en la superficie o en mi interior sin que yo sea consciente de ello.

MJ MS


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